El presidente estadounidense Donald Trump anunció el lunes que ordenó al Departamento de Guerra posponer todos los ataques militares contra plantas de energía e infraestructura iraní por un período de cinco días, luego de lo que describió como conversaciones “muy buenas y productivas” con Irán durante los últimos dos días.
El mandatario realizó el anuncio a través de su red social Truth Social, en un mensaje escrito enteramente en mayúsculas, su estilo habitual para comunicados de máxima importancia. Trump afirmó que las negociaciones apuntan a una “resolución completa y total” de las hostilidades en Medio Oriente y continuarán a lo largo de la semana.

Los mercados reaccionaron de inmediato a la noticia con un alivio generalizado. Los precios del petróleo se desplomaron más del 14%, con el crudo Brent cayendo a 96 dólares por barril y el West Texas Intermediate retrocediendo a 84,37 dólares, tras haber superado los 113 y 101 dólares respectivamente durante la jornada.
Las principales bolsas europeas, que habían acumulado pérdidas de más del 2% durante la sesión matutina, viraron al verde hacia las 11:30 GMT. La reversión refleja el optimismo de los inversores ante la perspectiva de una desescalada en un conflicto que la Agencia Internacional de Energía había calificado como la peor crisis energética mundial en décadas.
El anuncio de Trump representa un giro abrupto en el tono del conflicto, que cumple su cuarta semana sin señales de resolución y ha dejado ya más de 2.000 muertos. La guerra, que comenzó el 28 de febrero con los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha atravesado varios puntos de inflexión dramáticos: la muerte del líder supremo iraní, el bombardeo de un importante yacimiento de gas, y ataques contra instalaciones de petróleo, gas y otra infraestructura civil en naciones árabes del Golfo.
El mismo lunes, Israel informó que había “comenzado una ola de ataques a gran escala” contra objetivos de infraestructura en Teherán, mientras Irán advertía que cualquier intento de atacar sus costas o islas derivaría en el minado masivo del golfo Pérsico, poniendo en riesgo no solo a buques militares sino a decenas de embarcaciones comerciales que esperan cruzar el estrecho.
El conflicto ha tenido consecuencias económicas devastadoras a escala global. Los precios del crudo Brent se situaban en torno a los 113 dólares por barril antes de las declaraciones de Trump, casi un 55% más desde el inicio de la guerra, con el estrecho de Ormuz —por donde transita una quinta parte del petróleo y gas mundiales— efectivamente cerrado al tráfico de países aliados de Washington.
La Agencia Internacional de Energía advirtió sobre la peor crisis energética mundial en décadas, mientras el jefe de la agencia, Fatih Birol, señaló que “ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa en esta dirección”. Un alto funcionario de Naciones Unidas alertó sobre un efecto dominó que ya genera “subidas exponenciales de precios del petróleo, el combustible y el gas”, con impacto severo en países en desarrollo de Asia y África. Como muestra del alcance de la crisis, el gigante químico surcoreano LG Chem anunció el cierre de una importante planta industrial por la interrupción en los suministros de nafta.
En el frente militar, el jefe del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, afirmó en una entrevista que la estrategia apunta a destruir no solo las capacidades actuales de Irán, sino también su potencial de reconstrucción futura. “No se trata solo de la amenaza de hoy. Estamos eliminando la amenaza del futuro”, dijo Cooper.
Mientras tanto, en el Líbano, los ataques israelíes contra Hezbollah han matado a más de 1.000 personas y desplazado a más de un millón, en un frente secundario del conflicto que no muestra señales de apaciguarse.
Trump no proporcionó detalles sobre el canal ni el formato de las negociaciones con Teherán, pero el solo anuncio de una pausa de cinco días constituye la primera señal concreta de distensión desde el inicio de las hostilidades.
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