Hay facturas que llegan en papel y otras que se van acumulando sin aparecer en un estado de cuenta. La del cáncer puede comenzar con un estudio diagnóstico y continuar con consultas, medicamentos, tratamientos, transporte y días de trabajo perdidos. A veces, también se traduce en decisiones difíciles, quién acompaña al paciente, qué gasto se pospone o cómo se completa el dinero necesario para continuar el proceso.
El diagnóstico oncológico no afecta únicamente el cuerpo. También puede alterar la organización de una familia, sus ingresos y la manera en que administra cada peso. Mientras el paciente concentra sus fuerzas en afrontar la enfermedad, quienes lo rodean suelen asumir nuevas responsabilidades económicas y de cuidado.
En octubre, cuando la sensibilización sobre el cáncer de mama ocupa un lugar destacado en la agenda pública, hablar de esa dimensión económica permite mirar una parte de la realidad que no siempre aparece en las campañas.
Más de RD$12,000 millones en servicios oncológicos
En República Dominicana, la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL) informó que durante 2024 las Administradoras de Riesgos de Salud reportaron más de RD$12,137 millones en pagos por prestaciones para pacientes con cáncer. Según la institución, más de 180,000 afiliados a los regímenes contributivo y subsidiado del Seguro Familiar de Salud recibieron atención médica, medicamentos y tratamientos.
El dato revela la dimensión de los recursos movilizados para atender la enfermedad dentro del sistema. En 2023, los pagos reportados por prestaciones oncológicas habían alcanzado aproximadamente RD$11,854 millones.
Pero hay una diferencia fundamental, esos montos reflejan servicios cubiertos o pagados a través de las ARS; no representan el gasto de bolsillo de cada paciente ni la totalidad de los costos económicos que soporta una familia.
Esa distinción es importante porque una cobertura médica no elimina necesariamente todos los gastos relacionados con el tratamiento. El alcance de la protección depende de los servicios requeridos, las condiciones del plan, las autorizaciones y las circunstancias de cada persona.
El cáncer de mama en cifras dominicanas
Los datos publicados por la SISALRIL permiten observar con mayor precisión el caso del cáncer de mama. Durante 2024, el Seguro Familiar de Salud registró 11,720 personas diagnosticadas con esta enfermedad, de las cuales 11,162 eran mujeres y 558 hombres.
Para estas personas se reportaron coberturas por RD$6,194 millones en consultas, medicamentos y tratamientos oncológicos. En 2023, el monto había sido de RD$4,025 millones.
La diferencia entre ambos años muestra un incremento considerable en el valor de las coberturas reportadas. Sin embargo, estas cifras por sí solas no permiten concluir que el aumento se deba exclusivamente a una mayor cantidad de casos, también pueden influir los tratamientos utilizados, la intensidad de la atención y otros factores.
Tampoco permiten determinar cuánto pagó directamente cada hogar. Para conocer esa realidad sería necesario contar con información específica sobre copagos, servicios no cubiertos, transporte, alimentación, alojamiento y pérdida de ingresos.
La enfermedad no viaja sola
El tratamiento no siempre se limita al tiempo que el paciente pasa en un hospital o una consulta. Hay jornadas que requieren desplazamientos repetidos, acompañamiento de un familiar y reorganización de las responsabilidades del hogar.
Para quien vive lejos de un centro especializado, llegar a una cita puede implicar pagar varios traslados o buscar alojamiento. Para quien trabaja por cuenta propia, una mañana dedicada a una consulta puede representar ingresos que no entran ese día. Y cuando el paciente necesita ayuda constante, otro integrante de la familia puede tener que reducir sus horas laborales o dejar temporalmente su empleo.
Son gastos y pérdidas que no siempre aparecen en los registros de las aseguradoras, pero que pueden afectar la capacidad de una familia para sostener sus compromisos habituales.
Por eso, al hablar del costo del cáncer, conviene distinguir entre los gastos médicos directos y los costos indirectos. Los primeros incluyen consultas, pruebas, medicamentos, procedimientos y hospitalización. Los segundos abarcan, entre otros, los traslados, el cuidado no remunerado y la pérdida de ingresos del paciente o de sus familiares.
La suma puede variar ampliamente. No existe una tarifa única que represente el costo de vivir con cáncer, el tipo de tumor, la etapa en que se detecta, el tratamiento indicado, la cobertura sanitaria y la situación laboral y familiar influyen en la carga económica.
Una factura que también preocupa a otros países
El impacto financiero del cáncer no es exclusivo de República Dominicana. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que los sistemas sanitarios de sus países miembros destinan alrededor de449,000 millones de euros anuales a la atención relacionada con esta enfermedad, aproximadamente el 6 % de su gasto sanitario total.
En Estados Unidos, la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer ha señalado que el costo nacional de la atención oncológica podría superar los US$245,000 millones en 2030, según proyecciones elaboradas a partir de estimaciones anteriores. Estas cifras corresponden a contextos y metodologías distintos, por lo que no deben compararse como si reflejaran lo que pagaría un paciente dominicano.
Lo que sí muestran es que el cáncer representa un desafío económico para los sistemas sanitarios y para las personas que necesitan atención. Cuando a los costos médicos se suman los ingresos perdidos y las necesidades de cuidado, la repercusión alcanza también al entorno familiar y productivo.
Lo que todavía falta por medir en República Dominicana
Las cifras oficiales disponibles ofrecen una parte importante del panorama, pero dejan preguntas abiertas. ¿Cuánto dinero desembolsan los hogares en servicios que no están cubiertos? ¿Cuánto cuesta trasladarse repetidamente a un centro de tratamiento? ¿Cuántas personas dejan de trabajar para cuidar a un familiar? ¿Qué proporción de los ingresos familiares se destina a afrontar la enfermedad?
Sin estadísticas públicas consolidadas que respondan estas preguntas, no sería riguroso atribuir un monto promedio de gasto de bolsillo a todos los pacientes dominicanos. Las experiencias varían y los datos del sistema de salud no sustituyen una medición de los gastos domésticos.
La falta de información no significa que esos costos no existan. Significa que es necesario documentarlos mejor, con estudios que escuchen a los pacientes y cuidadores, examinen las coberturas y midan los gastos que quedan fuera de los registros sanitarios.
Más allá del lazo rosado
La sensibilización sobre el cáncer de mama es una oportunidad para recordar la importancia de los chequeos y la detección temprana, de acuerdo con las recomendaciones médicas. También puede abrir una conversación sobre el acompañamiento que necesitan los pacientes y las condiciones que les permiten continuar su tratamiento.
La protección económica forma parte de esa conversación; información clara sobre las coberturas, acceso oportuno a los servicios, orientación sobre los procedimientos de reclamación y apoyo a quienes deben asumir tareas de cuidado.
Porque detrás de cada cifra hay una historia que no puede resumirse en millones de pesos. Hay personas que intentan mantener su vida cotidiana mientras reciben tratamiento, familiares que reorganizan sus días y hogares que deben adaptarse a una incertidumbre que también se siente en el presupuesto.
El cáncer ya representa una carga de salud suficientemente difícil. Conocer y visibilizar su impacto económico es un paso necesario para que el acompañamiento no se limite a los mensajes de octubre y para que las necesidades de pacientes y familias tengan un lugar permanente en la conversación pública.
Por: Lucy Nuñez



