Miles de personas se volcaron este domingo 30 de noviembre a las calles del Distrito Nacional para participar en la Marcha del Pueblo, una de las demostraciones sociales más grandes convocadas por la organización política Fuerza del Pueblo en los últimos años.
El reclamo central fue el alto costo de la vida, pero la caminata dejó al descubierto un abanico de problemáticas que, según los participantes, han deteriorado la calidad de vida de las familias dominicanas.
Un país donde “el dinero no rinde”: el reclamo por el alto costo de la vida
La queja más fuerte giró en torno al incremento sostenido de los precios en la canasta básica.
Consumidores señalan que productos esenciales como pollo, arroz, habichuelas, aceite, huevos, vegetales, pan y productos lácteos han registrado aumentos que oscilan entre incrementos moderados y subidas consideradas excesivas por las amas de casa.
Muchos asistentes afirmaron que el presupuesto mensual familiar ya no cubre lo que antes, obligándolos a reducir compras, sustituir alimentos o recurrir a créditos informales. Durante la marcha, se observaron carteles destacando frases como “el supermercado nos está ahogando” y “comer no debe ser un lujo”.

Servicios públicos cada vez más costosos y deficientes
Otro de los focos de la manifestación fue el deterioro en servicios esenciales:
Electricidad
Los manifestantes denunciaron aumentos en las facturas eléctricas y la persistencia de apagones en sectores urbanos y suburbanos.
Personas consultadas expresaron que, aun sin elevar el consumo, sus facturas han subido, lo cual afecta tanto a hogares como a pequeños negocios.
Agua potable
Varias comunidades atravesadas por la marcha afirmaron que reciben agua con baja presión o con interrupciones constantes.
Esto obliga a muchas familias a comprar camiones cisterna o botellones adicionales, generando un gasto extra difícil de sostener.
Salud
La queja más repetida fue la dificultad para acceder a servicios médicos de calidad.
Ciudadanos aseguraron que los costos de medicamentos, análisis y consultas han aumentado, mientras que el seguro médico no cubre procedimientos clave.
Madres con niños enfermos mencionaron el sacrificio que representa costear tratamientos mensuales.
Inseguridad que erosiona la vida diaria
La marcha también sirvió para denunciar el incremento de la delincuencia.
Participantes narraron episodios de robos en motores, arrebatos, asaltos en horas tempranas y nocturnas, pérdida de celulares y aumento de vandalismo.
Muchos jóvenes cargaban pancartas reclamando mayor presencia policial y políticas más efectivas para enfrentar la criminalidad.
Vivienda, transporte y endeudamiento: otros golpes al bolsillo
Durante la caminata, también se escucharon reclamos sobre:
Aumento del alquiler de viviendas en barrios y sectores medios, con propietarios ajustando tarifas al ritmo de la inflación.
Altos costos del transporte, especialmente para trabajadores que deben tomar varias rutas al día.
Endeudamiento masivo, con ciudadanos que dependen de préstamos informales, tarjetas de crédito o financiamientos para cubrir gastos esenciales.
La percepción general es que el salario no alcanza para sostener obligaciones básicas, y los ajustes no han seguido el ritmo inflacionario.
El mensaje político y económico de Fernández
Al finalizar la marcha en la avenida México con Duarte, Leonel Fernández pronunció un discurso en el que calificó la situación actual como una “tormenta perfecta”.
Afirmó que los precios de productos esenciales han aumentado en porcentajes que presionan a la clase media y a los sectores más vulnerables, y aseguró que el país enfrenta un escenario económico crítico.
Además, lanzó un mensaje directo hacia las autoridades, afirmando que “el pueblo ha hablado en las calles” y que la jornada representa un plebiscito anticipado sobre el rumbo nacional.

Un evento que remeció el clima político
Analistas han interpretado la marcha como una señal inequívoca del creciente malestar social.
Más allá del componente político, la movilización dejó ver una mezcla de frustración y cansancio colectivo ante condiciones de vida percibidas como cada vez más difíciles.
La participación masiva de jóvenes, trabajadores informales, madres solteras, emprendedores, adultos mayores y profesionales refleja que el impacto económico no distingue clase social.



